Llega Enero en todos lados y el invierno a NY. Pero por razones misteriosas que no deseo publicar, ese invierno nos salió inconforme para un 2010 que propone y asusta. Asi que, basto de enfriar y blanquear el Norte con sus notas bajas y curvas congeladas se anima, con sin igual elegancia, a errar por la "alguna vez cálida" Florida.
Y asi van ya unos cuantos meses, menos cuantos que el Norte pues no quiero ofenderlos; pero mas cuantos de los que, nosotros, orgullosos Residentes del cálido Sur, habríamos querido tener.
Ayer la máxima por debajo de 50. Hoy en los 52. Con una mínima rondando los 32 que nos hace agradecer el sistema Fahrenheit sin darnos cuenta, pues de ser conocimieno publico que estamos en el punto de congelación del agua o en los 0 grados de nuestro celsius criollo, ya hace rato que nos habríamos quejado con la ONU y habríamos culpado a Chavez por errores de climatización.
Todo esto me hace recordar la Noche Buena Reciente. Si merece la pena mencionar, fue realizada en el patio de nuestra casa. Todos cenamos placenteramente en una larga mesa. Nadie mencionó "el weather".
Igual oda le merezco a la despedida del año, que sin susto alguno nos dio la gracia de recibirlo al ritmo de los merengues de Calle a orillas de la Piscina de mi Cuñada. Si lector, su piscina esta el el patio trasero. No en el sotano.
Y entonces pasó el largo fin de semana de Año nuevo y con el nos llegó el que mandaron del Norte. Y con eso no me refiero a mi Suegro, quien se arrimó a estas orillas sureñas a principios de Diciembre.
Cual respetable Emperador, el maldito llega y conquista y hasta le coje con quedarse. Llega Marzo y la cuenta sigue creciendo sin que el colmadero se enoje. Mas bien, señores, parece alegrarse.
De paso incurren terremotos, tsunamis y glaciares y la duda pesa. De saber, si a estas alturas, requerimos mas rarezas para creerle a la raiz que el arbol ya no es lo que era antes y que el verde desvanece.
Queda ver si me convenzo de burlar mi pesimismo hacia la humanidad y pienso, aun sea con la finalidad de sentir un calorcito virtual, que al menos quienes leen , y escuchan lo que leen, hacen un poquito cada vez, como la más minuscula hoja hace por la raiz.
Mientras el cambio incurre, busca bien abajo en el closet. Entre el baul del cuarto de huespedes o en las esquinas inalcanzables del ropero y, sin medir olores, engánchese su abrigo. El Sur, estimado floridense, ya no es el mismo del contrato...
John Tejada
Marzo 04, 2010
domingo, 10 de enero de 2010
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