domingo, 16 de septiembre de 2007

El Instante


Ya no existe nada que pudieras lamentar.

No destilan cilios de agonía los cauces del clamor de ayer.

No persiste la utopía de un nuevo día.

Las raíces lloran sin secar y las rosas su filosofía.

Tal parece que el instante había ocurrido

Escondido tras mi intento de esperar.

Perdón por decir que habías dolido

En cada amanecer que te pretendías quedar.

Y enverdecieron las migajas de tu voz en madrugada.

Y tu nombre perdió fuerza de un ayer.

Si tus dígitos ocurren un instante inesperado

Ya no existe el miedo de tus voces subsecuentes

Ni el reproche interminable de perder.

Hoy no tengo nada que pudiera reprochar.

No recorren mis adentros tus vestigios de mujer.

No resido en la tristeza comprendida

De guitarras escuchándome nombrar

la virtud de tu voz fa sostenida.

De repente me encuentro enmudecido,

Sonriente a la luz de mi nuevo despertar.

Encontrando las monedas que he perdido

En bolsillos escurridos de esperar.

Y enverdecieron las migajas de tu voz en madrugada.

Y tu nombre perdió fuerza de un ayer.

Si tus dígitos ocurren un instante inesperado

Ya no existe el miedo de tus voces subsecuentes

Ni el reproche interminable de perder.

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