Ya no existe nada que pudieras lamentar.
No destilan cilios de agonía los cauces del clamor de ayer.
No persiste la utopía de un nuevo día.
Las raíces lloran sin secar y las rosas su filosofía.
Tal parece que el instante había ocurrido
Escondido tras mi intento de esperar.
Perdón por decir que habías dolido
En cada amanecer que te pretendías quedar.
Y enverdecieron las migajas de tu voz en madrugada.
Y tu nombre perdió fuerza de un ayer.
Si tus dígitos ocurren un instante inesperado
Ya no existe el miedo de tus voces subsecuentes
Ni el reproche interminable de perder.
Hoy no tengo nada que pudiera reprochar.
No recorren mis adentros tus vestigios de mujer.
No resido en la tristeza comprendida
De guitarras escuchándome nombrar
la virtud de tu voz fa sostenida.
De repente me encuentro enmudecido,
Sonriente a la luz de mi nuevo despertar.
Encontrando las monedas que he perdido
En bolsillos escurridos de esperar.
Y enverdecieron las migajas de tu voz en madrugada.
Y tu nombre perdió fuerza de un ayer.
Si tus dígitos ocurren un instante inesperado
Ya no existe el miedo de tus voces subsecuentes
Ni el reproche interminable de perder.
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