martes, 18 de septiembre de 2007

Querido Ñingo: (a mis grandes amigos)


Sé que ha caído mucha lluvia en estos días de sequía, sin que pudiera dirigir mis palabras y pensamientos contigo, a tus ojos y a tu oído.

Sé que sin lugar a dudas sientes, al igual que yo, más tristeza que enojo por mi ausencia, y sobre todo, por mi insistencia de hacerla tan tangible.

No dudo que tú, como buen soldado, herido y en alguna ocasión asustado, entendieras tu condición, hicieras un rápido ejercicio de autocrítica y, sin otro remedio conocido, dieras un paso adelante: refugiaste tus pensamientos, tus críticas sociales y políticas, tus sarcasmos y jocosidades, tus burlas hacia ti mismo y a tu realidad, tus cuentos y tus escritos… a alguno que otro amigo que ha venido a aprender a escucharte. Y gozar de tus chistes inteligentes. Y captarte con solo expresarle una sola palabra, que los haga reírse con sin igual complicidad.

Con tristeza, pero con igual cantidad de justicia, te comprendo. Pido, además, que los que ahora se reúnen contigo y te expresan su afecto, sean tan igual de merecidos de tu amistad como lo estoy yo ahora de necesitado de ella.

Y antes de que pienses que mis motivos para escribirte esto son las sin iguales situaciones con las que me he encontrado y he vivido en los últimos meses, debo convencerte que te equivocarías al pensarlo.

Mis motivos para extrañar nuestras interminables conversaciones; nuestros editoriales personales a la noticia del día; nuestros sustos por los últimos abusos políticos del país. Nuestras noches bohemias, sostenidas por dos cervezas (límite presupuestario) y un rehilete de canciones, escritos y cuentos que sin igual a dudas nos hacían vivir; nuestros locrios de pica pica con plátanos maduros, degustados a nivel del piso (pa’ sentir algo duro) y tus intentos por convencerme de no recostarme luego de habérmelo abrochado, no son, sin lugar a dudas, los que piensas…

Las razones, debo digerirlas cada día al despertarme. Cada tarde al encender la tv y no tener con quien comentar una noticia interesante. Cada canción de Silvio o de Filio, sin tener con quien reírla o llorarla, hasta el punto de que duele volver a escucharla.

Sin embargo, vuelvo a hacerlo. Con tal de poder recordar esos momentos.

Y en ocasiones, te confieso, puedo imaginarte tocándolas y predecir, de la forma más nostálgica que puedo, las notas que para tu conveniencia modificabas.

Me pregunto entonces, ¿Cuál canción te agrada hoy ejecutar?, ¿Cuál de todas habrás aprendido a tocar?, ¿Cómo dirá la más reciente que compusiste?... y el silencio es a veces malvado y en otras ocasiones piadoso. Me deja siendo el más ajeno de tus amigos, o el que más ha aprendido a apreciarte.

Ambos sabíamos que esto podía pasar. Incluso, al menos yo, estaba totalmente convencido de que así ocurriría. Pero nunca imaginé que sería tan perturbante.

Ahora sé, que nuestra amistad era tan única como el amigo que eres tú.

Ahora entiendo por qué la luz no se mide por el espacio que ilumina… sino el universo que oscurece cuando no está.

Tu Hermano,

John (Ago 2007)

No hay comentarios: